NO QUEDAN RUISEÑORES JUNTO AL RÍO

EN BRAZOS DE LOS SIGLOS

EN BRAZOS DE LOS SIGLOS

 

Cuando profundamente esté dormido

en brazos de los siglos, y esté ausente,

nada sabrás de mí, e indiferente

te será que en el mundo haya vivido.

 

¡Tanta ambición y anhelo perseguido!

Dime, ¿de qué sirvió si, ya inconsciente

de toda realidad, en tu presente

no existe ni el recuerdo de haber sido?

 

Contigo hablando estoy, ahora que puedo,

aunque quizás no hayas aún nacido,

pues quiero recordar que te antecedo,

 

y que veas en qué me he convertido,

pues tú tendrás igual que lo que heredo:

¡la muerte y destrucción en el olvido!

NO QUEDAN RUISEÑORES JUNTO AL RÍO

CIERRA LA PUERTA

CIERRA LA PUERTA

 

Cierra la puerta

y desnudemos nuestro cuerpo apasionado.

De cada prenda caída al suelo

brotará una flor del deseo compartido.

Solos con el tiempo, testigo silencioso,

suspiremos sobre este lecho de agapantos

con un fondo de jadeos anhelantes.

En un momento yo dejaré de ser yo

y tú dejarás de ser tú,

porque tú y yo seremos

una sola voz,

una sola alma,

un solo cuerpo,

un solo ser.

Y mientras te rodeo con el fuego de mis brazos

tú te fundes con mi vida

y nos convertimos en una sola vida.

La razón se oscurece

pues la acalla la pasión.

En ti me busco y en ti me encuentro,

y en tu esencia, que es mi esencia,

no quiero ser ya más yo

y no quieres ser ya más tú.

Somos uno, tú y yo fundidos,

y el tiempo nuestro testigo.

NO QUEDAN RUISEÑORES JUNTO AL RÍO

INSPÍRAME

INSPÍRAME

 

Te pido que un poema tú me inspires

haciéndome caricias amorosas

a cambio de palabras cariñosas

con que expresar yo pueda mis sentires.

 

Quiero que me estimules mis decires

con suaves carantoñas venturosas

para que yo escribir logre afectuosas

frases y que con ellas tú suspires.

 

Un poema de amor entusiasmado

me inculcas cuando así tú a mí me excitas

como jamás yo hube imaginado.

 

¡Sé tú siempre alimento deseado

de la dulce pasión que me suscitas!

¡Sé tú siempre mi amor enamorado!

NO QUEDAN RUISEÑORES JUNTO AL RÍO

LLORANDO ESTÁN LOS ÁRBOLES

LLORANDO ESTÁN LOS ÁRBOLES

 

Llorando están los árboles del río,

mas no emiten su queja, sino el viento

que, golpeando las ramas, instrumento

halla con que corear el dolor mío.

 

Paraje es sin sol, espacio umbrío,

sitio para llorar mi sentimiento,

idóneo lugar para el lamento

de un corazón herido, hoy sombrío.

 

En estas soledades he encontrado

lo que alivio me da y tranquiliza:

natura que me acoge y ha escuchado;

 

porque ella mi sentir exterioriza,

me encuentro mucho más reconfortado,

pues comparte el sufrir que me esclaviza.

NO QUEDAN RUISEÑORES JUNTO AL RÍO

LUNA SEDUCTORA

LUNA SEDUCTORA

 

¿Por qué tú así me miras tan risueña,

que parece que quieres seducirme?

¿Acaso desde el cielo, al percibirme,

de un triste corazón quieres ser dueña?

 

¿Porque esquiva y fatal mujer se empeña

en hacerme infeliz, a redimirme

acudes con mirar que hace sentirme

querido con amor que mi alma sueña?

 

¡Oh, mi querida Luna y seductora!:

Pues quieres cautivarme a tu belleza,

permíteme nombrarte a ti señora;

 

sí, señora de mi alma, pues presteza

muestras queriendo ser mi salvadora,

¡calmando mi dolor y mi tristeza!

NO QUEDAN RUISEÑORES JUNTO AL RÍO

VENTURA DE AMOR

VENTURA DE AMOR

 

Yo soy quien te arropaba suavemente

con pétalos de rosas encarnadas,

quien, con de amor palabras susurradas,

te hablaba en tus oídos dulcemente.

 

Yo soy quien con caricias, tiernamente,

tus piernas con las mías enlazadas,

se fundía contigo, allí entornadas

las miradas de amor, pausadamente.

 

¡Qué delirio gozoso! ¡Qué jadeante

respirar! ¡Qué suspiros encendidos!

¡Qué glorioso arrebato apasionante!

 

Y tras nuestra ventura fascinante,

ebrios los dos de amor, adormecidos,

quedaban sosegados los sentidos.

NO QUEDAN RUISEÑORES JUNTO AL RÍO

MAR FURIOSO

MAR FURIOSO

 

Por sus fauces el mar espuma lanza

al chocar con la roca muy altanera;

dueña de su dominio, considera

que, recia, resistir debe, y se afianza.

 

Fuerte ruge la ola en su pujanza

expresando la furia que sintiera,

mas la piedra, muy altiva, pareciera

que rechaza al océano cuando avanza.

 

El agua ya humillada retrocede

por la atroz resistencia de la roca

y pausado vaivén allí sucede;

 

mas toma nuevo impulso que provoca

desafiante rugido que sucede

a otro embate furioso con que agrede.

NO QUEDAN RUISEÑORES JUNTO AL RÍO

CUANDO SEA UNA CARGA

CUANDO SEA UNA CARGA

 

Cuando nadie me quiera y sólo sea

una carga, llevadme al camposanto

con mi madre. Seguro que mi llanto

enjugará cuando ella allí me vea.

 

No me dejéis aquí si se recrea

en mi vida la muerte; solivianto

no haya por mi ausencia; ningún planto,

consolado por ella, mi alma desea.

 

Dejaré de llorar en compañía

de quien me dio la vida que aquí dejo,

porque tendré el consuelo que quería.

 

Si del mundo apenado yo me alejo,

no sufráis, que jamás a él volvería

pues de su cruel tristeza soy reflejo.

NO QUEDAN RUISEÑORES JUNTO AL RÍO

ALMA ENCARCELADA

ALMA ENCARCELADA

 

¿Por qué en la fortaleza que he creado

encarcelada mi alma está en su sótano?

¿Por qué en mi propio cuerpo yo aprisiono

al ente espiritual que me ha ocupado?

 

Si yo sobrevivirme he intentado

generando a criatura que traiciono,

sombrío panorama me ocasiono

confinando a este ser imaginado.

 

Necesito esperanza de otra vida

más allá de la muerte que es segura

al final de una etapa ya concluida.

 

Debe poder volar sin atadura,

porque si no será alma perdida

que cobrará en el fin cara factura.

NO QUEDAN RUISEÑORES JUNTO AL RÍO

SI VOLVIERA A NACER

SI VOLVIERA A NACER

 

Si yo naciera el día de mañana,

padre, habría de darte los abrazos

y besos que, orgulloso, no te di.

Si yo naciera el día de mañana,

padre, con tierno afecto y devoción

colmaría de risas tu mirada.

Qué injusto fui yo entonces, ignorando

que tu actitud tan firme de un inmenso

amor  paterno estaba rebosante,

olvidando que siempre tus desvelos

y tus ansias también fueron por mí.

Y yo, ciego e ingrato en mi altivez

quise olvidar tu afán de amor de padre.

¡Qué mezquino fui, padre, qué mezquino!

Está llorando mi alma arrepentida

por los besos que yo tanto te debo

y no podré jamás a ti ya darte.

Yo quisiera morir para poder

nacer de nuevo y darte todo aquello

que, miserable, un día te negué.

Si mañana volviera yo a nacer…